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Capiteles de un arco formero

Identificador
40184_03_079
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
41º 11' 32.77" , -3º 50' 58.25"
Idioma
Autor
José Manuel Rodríguez Montañés
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Ermita de Nuestra Señora de las Nieves

Localidad
Rebollo
Municipio
Rebollo
Provincia
Segovia
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
REUTILIZADAS HASTA HACE POCO como cementerio, las recientemente consolidadas ruinas de la ermita de Rebollo -declaradas Monumento en 1982- se sitúan en un altozano a unos 700 m al este del caserío, rodeadas de tierras de labor. Y es lástima su pérdida, pues constituye un notable edificio de planta basilical y tres naves divididas en dos amplios tramos, comunicándose entre sí mediante anchos formeros doblados levemente apuntados que apean en pilares cúbicos con semicolumnas en los frentes laterales y otras acodilladas para recoger los arcos doblados. La ausencia de pilastras o columnas en las caras norte y sur de los pilares, y la propia escasa potencia de los muros, hacen pensar que el cuerpo del templo recibió cubierta de madera; no así la cabecera triple que la coronaba, de la que se arruinó completamente el ábside de la epístola. Un análisis detenido de la fábrica revela ciertos indicios -difícilmente comprobables debido a su avanzado deterioro- de una dualidad de campañas constructivas románicas. Da así la sensación de que la primitiva iglesia constaba probablemente de una nave, de la que resta la capilla mayor, compuesta de tramo recto presbiterial cerrado por bóveda de cañón levemente apuntada y ábside semicircular cubierto con cascarón generado por un arco de medio punto, estructura aparejada en mampostería con refuerzo de sillares en los soportes, esquinales y arcos. Parten las bóvedas de impostas con perfil de nacela, animándose los paramentos internos del presbiterio con sendas arquerías ciegas muy rehechas, de dos arcos apuntados sobre columnillas de basas áticas con fino toro superior, sobre plintos, y simples capiteles, la mayoría en hormigón, fruto de la restauración. De los primitivos conservados uno muestra un sencillo modelo vegetal, con grueso astrágalo, una corona de hojas lanceoladas de nervio central y tallos avolutados en el remate; el frontero a éste en el muro norte, muy destrozado, se figura con lo que parecen dos REUTILIZADAS HASTA HACE POCO como cementerio, las recientemente consolidadas ruinas de la ermita de Rebollo -declaradas Monumento en 1982- se sitúan en un altozano a unos 700 m al este del caserío, rodeadas de tierras de labor. Y es lástima su pérdida, pues constituye un notable edificio de planta basilical y tres naves divididas en dos amplios tramos, comunicándose entre sí mediante anchos formeros doblados levemente apuntados que apean en pilares cúbicos con semicolumnas en los frentes laterales y otras acodilladas para recoger los arcos doblados. La ausencia de pilastras o columnas en las caras norte y sur de los pilares, y la propia escasa potencia de los muros, hacen pensar que el cuerpo del templo recibió cubierta de madera; no así la cabecera triple que la coronaba, de la que se arruinó completamente el ábside de la epístola. Un análisis detenido de la fábrica revela ciertos indicios -difícilmente comprobables debido a su avanzado deterioro- de una dualidad de campañas constructivas románicas. Da así la sensación de que la primitiva iglesia constaba probablemente de una nave, de la que resta la capilla mayor, compuesta de tramo recto presbiterial cerrado por bóveda de cañón levemente apuntada y ábside semicircular cubierto con cascarón generado por un arco de medio punto, estructura aparejada en mampostería con refuerzo de sillares en los soportes, esquinales y arcos. Parten las bóvedas de impostas con perfil de nacela, animándose los paramentos internos del presbiterio con sendas arquerías ciegas muy rehechas, de dos arcos apuntados sobre columnillas de basas áticas con fino toro superior, sobre plintos, y simples capiteles, la mayoría en hormigón, fruto de la restauración. De los primitivos conservados uno muestra un sencillo modelo vegetal, con grueso astrágalo, una corona de hojas lanceoladas de nervio central y tallos avolutados en el remate; el frontero a éste en el muro norte, muy destrozado, se figura con lo que parecen dos grifos afrontados. En el eje del hemiciclo se abre una saetera recercada de sillería, rodeada por un arco de medio punto formado en realidad por la chambrana de nacela, y con fuerte abocinamiento al interior. El arco triunfal, apuntado y doblado, reposa en un machón en el que se alojan dos parejas de columnas, cuyas basas de amplia escocia y toro inferior abultado se corresponden con las vistas en el presbiterio. Las coronan, en el lado de la epístola, capiteles vegetales de nervadas hojas carnosas conquiformes y piso superior de hojas lisas rematadas en volutas, similares a algunas cestas de las cabeceras de San Millán de Segovia y San Vicente de Ávila. En las del lado norte, el capitel mayor sustituye las hojas de puntas vueltas por los crochets. A esta campaña podemos atribuir igualmente el breve tramo oriental de la nave mayor, sobre el que probablemente se alzaba una torre o cimborrio al estilo de las en pie en la Santísima Trinidad de Segovia o San Miguel de Turégano, y ello a juzgar por la presencia de dos arcos laterales de medio punto y del arranque de otro hacia el oeste, apoyado éste en dos robustos responsiones prismáticos. De ser cierta nuestra impresión, poco tiempo después la primitiva estructura se transformó en la actual de triple nave por el añadido de dos colaterales, igualmente en mampostería, rematadas por sendas capillas en gradación respecto a la mayor, de las que resta la del evangelio, asentada sobre un afloramiento rocoso, con su tramo recto y ábside levantados en sillería, así como vestigios del triunfal de la meridional. En la primera se conserva la saetera abierta en el eje, abocinada al interior y exteriormente rodeada por arco de medio punto liso, rodeado por chambrana de doble junquillo y nacela, sobre columnas acodilladas coronadas por desgastados capiteles en uno de los cuales adivinamos un centauro atacando a un ciervo. Ambos se coronan con cimacios que repiten la molduración de la chambrana; en el interior se mantiene, en el codillo del presbiterio, parte de un capitel de hojas lisas con pomas en las puntas, estando el resto muy alterado o reconstruido. De la cabecera de la nave sur sólo resta el basamento sobre el que se volteaba el toral, que debía ser doblado a tenor de los soportes, viéndose las basas de dos columnillas y un fragmento de uno de los capiteles. Trazado el perímetro en la ampliación, se procedió a dividir la estructura en tres naves divididas en tres tramos. Es notoria la falta de ortogonalidad de la colateral sur, cuyo muro de cierre -alzado sobre un banco de fábrica moldurado con bocel en la arista- es manifiestamente convergente con el eje de la iglesia primitiva, resultando así la planta ligeramente trapezoidal. Los formeros que comunican las naves reposan en pilares de sección rectangular cruciforme, con columnas en los frentes y codillos de basas áticas con lengüetas, alzándose sobre zócalos en talud. En sus capiteles, todos bajo cimacios de nacela y la mayoría vegetales, se despliega un repertorio formal más avanzado que el visto en la cabecera, a base de hojas lisas muy pegadas a la cesta con bayas, brotes apalmetados o piñas en las puntas, en ocasiones con otras hojitas lobuladas sobre éstas, picudas hojas de agua, otras nervadas con puntos de trépano, hojas lisas de bordes rizados similares a las vistas en la ermita de San Marcos de Cerezo de Abajo, grandes hojas carnosas, tallos con ramaje del que brotan hojitas, racimos, o flores de arum, hojas partidas de remate avolutado, etc. Sólo dos cestas del pilar frontero a la portada meridional reciben decoración figurada. En un caso con una pareja de estilizadas aves opuestas que vuelven sus largos cuellos para picar los racimos que brotan del tallo central, dibujando con sus cuerpos una forma acorazonada, al estilo de varias cestas vistas en San Miguel de Turégano, Tenzuela, la Trinidad de Segovia o San Martín de Fuentidueña. El otro capitel repite la temática obscena que ya nos sorprendió en el interior de las iglesias de Aldehuela, El Olmillo o un descontextualizado capitel de Navares de Ayuso. En Rebollo, volvemos a encontrar a un personaje con un enorme falo, aquí haciendo sonar un olifante, dirigiéndose a una figura femenina con un brazo en jarras y llevándose la otra mano al mentón en actitud pensativa. Posee el templo dos portadas, abiertas en las fachadas norte y sur. Ambas repiten la estructura y decoración vista en los pórticos de San Pedro de Gaíllos, Sotosalbos y San Juan del Arenal de Orejana, consistente en arcos, levemente apuntados en la sur y de medio punto en la norte, moldurados con triples haces de boceles quebrados en zigzag intercalados con series de tres boceles entre medias cañas, siguiéndose en arcos y jambas sin solución de continuidad. Ambas portadas, muy mutiladas, siguen este esquema, que logra un atrayente efecto de movimiento jugando con el claroscuro. En la meridional quedan huellas del antecuerpo en el que volteaban las perdidas arquivoltas externas -quedan las basas en la norte-, así como un fragmento de inscripción en la jamba occidental, indescifrable para nosotros. En el paramento interno de este muro sur encontramos algunos restos reaprovechados de la derruida fábrica, como un truncado capitel doble liso y varias dovelas. Otros fragmentos, algunos ornados con boceles o tallos, se encuentran en el reconstruido fondo de la nave central, donde observamos también una portada elevada con esviaje quizás de acceso al coro elevado. Un desordenado lapidario se almacena en el ábside del evangelio. Entre las piezas distinguimos varios fragmentos de cimacios con flores de arum entre tallos, rosetas en clípeos, varias dovelas, tambores de fustes, un canecillo con un bello rostro femenino velado, otros de nacela, etc. La dualidad de campañas arriba avanzada nos deja en unos límites cronológicos que, si bien difusos, deben rondar el final del primer tercio del siglo XII para la capilla mayor y el tramo de nave adyacente, y las décadas finales de la centuria para la ampliación.