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Capitel con escena figurativa, en el interior

Identificador
40531_03_090
Tipo
Fecha
Cobertura
41º 22' 26.74" , -3º 42' 26.84"
Idioma
Autor
José Manuel Rodríguez Montañés
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Localidad
Navares de Ayuso
Municipio
Navares de Ayuso
Provincia
Segovia
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
LA PRIMITIVA IGLESIA ROMÁNICA se levantó combinando la mampostería con la sillería labrada a hacha, ésta reservada a los soportes, esquinales, portada y torre. Constaba de nave única dividida en cuatro tramos y cabecera compuesta de capilla de testero plano y tramo presbiterial, ambos abovedados con cañón apuntado sobre impostas achaflanadas, en el segundo caso dividido por un fajón. Un retablo barroco forra el interior del ábside, presidido por una imagen de la Virgen con el Niño flanqueada por otras dos de San Miguel y San Sebastián. El suelo de la capilla está recrecido, ocultando así las basas de las semicolumnas que recogen los fajones que articulan el tramo recto y el ábside, coronadas por simplísimas cestas troncopiramidales de prominente astrágalo. El arco triunfal que da paso a la cabecera recibe capiteles vegetales, ambos con anchas hojas lisas rematadas en caulículos, muy pegadas a la cesta. Sus basas, aquí visibles, muestran perfil ático con lengüetas, sobre finos plintos. Al exterior, la primitiva línea de cornisa viene marcada por la presencia de un can de rollo original, semiembutido en el cuerpo de la escalera que da acceso al campanario. El tramo que precede a la cabecera fue reforzado con gruesos machones y dos más anchos torales, pues sobre él se levanta una airosa torre, al estilo de La Trinidad o San Clemente de Segovia y varias iglesias burgalesas. Entre los machones, a norte y sur, se abrieron dos formeros apuntados que dan servicio a sendas capillas, de las cuales la meridional se cubre con cañón con yeserías, estando presidida por un retablo barroco con la Virgen y el Niño y una tabla de la Asunción de María. La capilla septentrional se cubre con bóveda de cañón y en su testero, descentrado respecto al eje de la estancia, se aprecia un arco románico de medio punto sobre imposta achaflanada, arco -marco de un notable Crucificado gótico- que es perceptible también desde la sacristía, levantada en parte con sillería románica donde vemos una dovela abocelada, situada al norte de la cabecera y cubierta hoy por cielo raso, a la que se accede por un vano que aprovecha un primitivo arcosolio. Este enigmático arco tiene su correspondiente en el actual testero de la capilla meridional, aunque al estar solapado por el antes referido retablo sólo es visible su roza al exterior, hoy ocupado por la escalera que da acceso al piso bajo del campanario. Se plantea así la posibilidad de que la planta primitiva fuese de cruz latina, con dos estancias ciñendo los costados de la estructura torreada, sugerente hipótesis avanzada por quienes se han ocupado del templo que cuenta con no pocas dificultades para su aceptación, no siendo la mayor el hecho de aparecer como un unicum dentro de la arquitectura provincial. No encontramos, sin embargo, mejor explicación a la presencia de los referidos arcos, con notable esviaje respecto al eje de la nave, dando la sensación de que daban paso a sendas capillas laterales que constituirían así una cabecera triple, hipótesis que enunciamos con todas las reservas. Mayor seguridad ofrece el análisis de la nave, pues pese al evidente remonte al menos parcial de sus muros, la primitiva contaba con cuatro tramos, uno oriental sobre el que se alza la torre y otros tres, cubiertos con bóveda de cañón apuntado reforzado por fajones que apean en columnas entregas. Posteriormente se añadieron otros dos tramos al oeste, igualmente con cañón apuntado, aunque aquí reciben el fajón responsiones prismáticos. Desde el interior de la troje y la estancia septentrional se observa el esquinal del primitivo hastial occidental, así como la línea de la cornisa original desde la primera, restando buena parte de los canes de nacela que la sostenían, la mayoría destrozados. Si es posible pues que parte del muro meridional se mantenga in situ, apenas nos quedan dudas del total remonte del norte, apoyándonos en este aserto en la fragmentaria presencia del banco corrido sobre el que se alza la nave, en algunas zonas sustituido por lápidas funerarias modernas, así como el llamativo montaje de una basa en la semicolumna que recoge el fajón entre el tercer y cuarto tramo de dicho muro norte. Aquí, bajo cimacio de nacela, se colocó invertida y haciendo funciones de capitel una basa de toro superior acanalado y desarrollado el inferior, con lengüetas en las que se disponen cabecitas felinas en todo similares a las del pie de la pila aguabenditera. El resto de los capiteles, todos de mediana factura, reciben hojas lobuladas con un mascarón, otras lanceoladas, en un caso con puntos de trépano, o lisas con pomas. Sus basas son todas de perfil ático, con toro superior facetado e inferior con garras de cabezas de animales y arquillos, sobre plintos. La portada, hoy protegida por un pequeño atrio cerrado con cielo raso, se abre en un desmochado antecuerpo de sillería del quinto tramo de la nave -tercero de la iglesia primitiva- y muestra síntomas de haber sido al menos parcialmente remontada. Consta de arco de medio punto liso y dos arquivoltas, la interior moldurada con grueso bocel y la externa con amplia media caña entre dos filas de billetes, rodeándose el conjunto con chambrana de triple hilera de billetes. Apean los arcos en impostas con perfil de listel, bocel y nacela y jambas en las que se acodilla una pareja de columnas de retalladas basas áticas y capiteles vegetales de anchas hojas estriadas acogiendo bayas en las puntas, de similar tratamiento al de una cesta de Fresno de la Fuente. La torre, que repite simplificando el sistema de alternancia de vanos de El Salvador de Sepúlveda, se alzó en sillería bien escuadrada y consta de dos pisos de vanos, a razón de uno por muro salvo en la cara occidental, donde no hay arco en el bajo. Éste se alza sobre una imposta achaflanada, restando las fragmentarias rozas de tales arcos en las caras norte y sur, y completo en la oriental, donde se abre un arco doblado de medio punto sobre impostas abiseladas, hoy utilizado como acceso al campanario. El piso superior muestra arco de medio punto albergando otros menores con parteluz, salvo en los muros norte y este, en los que fueron eliminados para voltear las campanas. Apenas resta de la cubierta original del piso alto que vestigios de la plementería de una bóveda de calicanto sobre imposta abiselada, y ello sólo en los ángulos noreste y sudeste. Si a ello unimos el desorden en la colocación de los maineles, podemos deducir la ruina y posterior reconstrucción de la mitad occidental de la torre, que arrastraría la de parte de la nave. Este colapso, producido en época imprecisa, explica que al remontar los arcos superiores se utilizasen dos basas en el mismo parteluz del muro meridional y dos rudos capiteles en el occidental. Además, bajo la moderna mesa de altar se reutiliza una pareja de capiteles con sus cimacios, dos basas y otros tantos tambores de columna que tipológicamente concuerdan con los desaparecidos parteluces de los vanos superiores de la primitiva torre, correspondientes a los muros norte y este. Las basas muestran la misma molduración ática de voluminoso toro inferior con lengüetas, sobre los cimacios con sucesión de medias cañas y junquillos, mientras que de los capiteles uno es vegetal, con anchas hojas lisas de nervio central con contario y puntas avolutadas, y el otro historiado, ambos de 25 cm de alto por 30 de lado. El capitel figurado, de bárbaro estilo, muestra en una de sus caras a una pareja abrazada, ambos desnudos y en el caso del hombre mostrando un prominente sexo, tema similar al que vemos en los capiteles interiores de Aldehuela de Sepúlveda, El Olmillo, Rebollo y Nuestra Señora de Tejadilla. Precede a esta explícita representación sexual una pareja de figuras, frontales y vestidas, llevándose sus manos al vientre, mientras al otro lado aparece un tosco león de rugientes fauces y, en la cara restante, una desproporcionada figura alza en su brazo izquierdo un objeto irreconocible y sostiene una bola con la diestra. Para acabar de complicar el proceso constructivo, nos consta que a mediados del siglo XV se realizaron obras en el templo. Así se desprende del texto de la visita pastoral realizada en 1446-1447, y que reza, según su trascripción por Bartolomé Herrero, como sigue: “Fallo se quel pan dela çilla e lino e cannamo quelo ponían enla eglesia, el pan en un doblado que estava fecho sobre la nave de Sant Miguel alos pies e el lino e el cannamo debaxo e por que non embarga ala eglesia e mayormente según el pueblo pequenno e la eglesia assas larga pero por que para poner e encerrar el pan e el lino e cannamo han la entrada conlas bestias por la eglesia e esso mesmo la llave andar de mano en mano e peligroso para el thesoro della, mandé faser una pared gruessa de argamassa para un apartamiento enla dicha nave de Sant Miguel alos pies della que llegasse alta e equal conlas otras paredes apar dela abertura del tejado e que abriesse por la parte de fuera un postigo de arco para que fuesse çilla e non oviesse entrada por la eglesia por que non avía otra casa cabe la eglesia que se fisiesse çilla nin se podía faser por causa del arroyo que ende passa continuo. E dy carta de edito contra el beneficiado servidero”. No tenemos manera de saber si la troje que manda hacer el visitador se corresponde con la situada al sur o al norte de la nave, aunque sospechamos que se trate del segundo supuesto, vista la portada situada en ella, de arco de medio punto con bocel al interior y exterior, sobre jambas con la misma molduración e impostas de listel y nacela, quizás trasladada y con morfología muy similar a la de tantas viviendas románicas segovianas. Conserva también el templo un notable ejemplar de pila aguabenditera, labrada en un solo bloque de 98 cm de altura por unos 38 cm de ancho y semiembutida en el banco sobre el que se alza el retablo mayor. El receptáculo, de 18 cm de alto por unos 20 cm de diámetro interior de la pila, se decora con rudas cabecitas en los ángulos, al modo del más refinado ejemplar de Escobar de Polendos, mientras que bajo el pilar con haz de boceles se labró un basamento con cabecitas felinas similares a las de las basas de las columnas de la nave. En definitiva, la principal peculiaridad de este edificio, por otro lado de menguadas ambiciones, reside en la incógnita que plantea la original disposición de su cabecera y en la excepcional ubicación de la torre sobre el tramo de nave que la antecede. La homogeneidad en el apartado escultórico apunta a que su construcción se realizó sin cesuras, y ello probablemente en la segunda mitad del siglo XII, aunque la evolución posterior de la fábrica tras el derrumbe parcial de la torre y la ampliación de la nave hacia el oeste complican sobremanera su análisis.