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Puerta con cornisa

Identificador
39004_09_024n
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
43º 11' 21.10'' , -4º 2' 18.84''
Idioma
Autor
Esteban Sainz Vidal
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de San Juan Bautista

Localidad
San Juan de Raicedo
Municipio
Arenas de Iguña
Provincia
Cantabria
Comunidad
Cantabria
País
España
Descripción
NO EXISTE DOCUMENTO ALGUNO que la mencione, ni constancia epigráfica que nos pudiera indicar cuándo y por quién fue construida. Afinando un poco sus posibles relaciones con otras fábricas románicas más o menos próximas, podríamos aventurar hacia que años se levantó, con la ayuda tan sólo de criterios estilísticos. Bolmir tiene rasgos escultóricos muy semejantes a alguno de los maestros de Cervatos, que, por inscripción, debió de levantarse hacia 1129. Pero también los tiene con los capiteles de la iglesia de Bustasur, que tiene clara datación en la era de MCL (año de 1112), y con los de Pujayo (1132), San Juan de Raicedo y cabecera de Santa Eufemia de Cozuelos, por lo que, tanto Bolmir como las restantes iglesias citadas, habría que colocarlas a lo largo de las tres o cuatro primeras décadas del siglo XII. La iglesia de Bolmir fue una de las primeras románicas que fueron estudiadas por Fernández Casanova (1905) que, junto a las de Retortillo y Cervatos, las publicó en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, cuando todavía muchas de las iglesias de este estilo, sin duda las más importantes, en Cantabria, no habían sido casi comentadas, lo que nos certifica la importancia que estas sociedades de excursionistas, de finales del XIX y principios del XX, tuvieron para el conocimiento de monumentos que, siendo sin duda de gran importancia, fueron salvados de un anonimato que no merecían. La iglesia de San Cipriano de Bolmir, como es natural, sufrió, a lo largo de los siglos vividos, varias transformaciones: dos capillas gótico-renacentistas en los lados de la epístola –levantada ésta, por Bartolomé G. de Rebolledo y su mujer Inés de Barreda– y del evangelio, en el siglo XVI-XVII, que tuvieron que romper los muros del presbiterio y que, por tanto, separaron la cabecera de la iglesia de su nave; cubrieron con bóvedas, estrelladas a terceletes tanto las citadas capillas como la nave, esta última originariamente de madera; y, finalmente, abrieron en el propio ábside una puerta para adaptar a sus muros una sacristía rectangular posiblemente en el XVII. Y sin embargo, aun con estos añadidos posteriores, que en el exterior casi enmascaran la iglesia primitiva, la conservación de ésta es bastante buena como para permitirnos considerarla como una unidad de estilo y de época. Hubo –que nosotros recordemos– una restauración en 1969, en el interior de la nave, dejando esta más manifiesta en su “romanicidad”, pues hasta se descubrieron dos ventanas que habían permanecido tapiadas, desde tiempo inmemorial. Igualmente la limpieza del muro sur, incluida la puerta principal, ha dejado mucho más destacada la belleza de esta humilde iglesia. Tiene ésta unas proporciones reducidas, en relación, sin duda, con el pequeño y humilde poblado (19 m de largo por 4,25 de ancho). Todo el alzado es de sillería, incluido el de la espadaña que, muy anormalmente, se construye adosándola al hastial occidental, en dirección sur. Muy posteriormente, tal vez en el siglo XIX-XX, se aprovechó este saliente de la espadaña y el saliente opuesto del muro de la capilla meridional, para construir un pórtico cubierto que ha sido eliminado en otra restauración más moderna propiciada por la Fundación de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, para dejar visible la puerta románica primitiva y los canecillos del muro sur. Si bien este pórtico protegía el paramento románico y sus elementos esculpidos, parece acertado el haberlo demolido y recuperar así una fachada que siempre estuvo al aire. La colocación de la espadaña, vertical al muro sur, que no es normal, como apuntamos, nos hace pensar, posiblemente, que la traza primitiva de la iglesia tuviese la espadaña sobre el muro del hastial, como es frecuente, y que aquí por ruina o por temor a ella, se añadiese, en época un poco posterior, la espadaña que hoy conserva. Iniciando la descripción del exterior de la iglesia por su muro meridional, donde está la portada, vemos que ésta destaca un poco de la línea del muro, tal como es muy corriente en el románico, coronándose con un tejadillo particular que carga sobre cornisa baquetonada sostenida a su vez por canecillos, que son los siguientes de izquierda a derecha: 1.- cuarto de bocel con cruz excisa; 2.- cuarto de bocel, liso; 3.- cabeza animal con cuernos vueltos; 4.- tonel horizontal que pesa sobre cabecita humana que parece sufrirlo, tal vez intentando expresar los nocivos efectos de la bebida; 5.- arpista sentado que toca las cuerdas de este instrumento musical con las dos manos; 6.- gimnasta, tal vez femenino; 7.- confuso en su interpretación, pues parece un conejo con cabeza humana o tal vez otro titiritero; 8.- el último canecillo –bastante tosco como los anteriores– representa a un hombre sentado, con la pierna izquierda colocada sobre la rodilla derecha y haciendo sonar un cuerno u olifante con la mano derecha. A uno y otro lado de la puerta se abre una ventana. La de la izquierda ha sido destrozada por la escalera que sube hacia el campanario que por ella pasa. La ventana derecha lleva capiteles historiados: el izquierdo de animales superpuestos; el derecho con águila de alas explayadas y cimacio de palmetas de cuatro hojas envueltas por un vástago serpentiforme, idéntico al que vemos también en algunos capiteles de la arquería del ábside de Cervatos, y que creemos es un motivo repetitivo de los canteros que trabajaron en esta colegiata y en otras iglesias que llevan esta firma. La arquivolta de esta ventana –en arco de medio punto como todos los que existen en la iglesia– es de baquetón y escocia, y está adornada con esferillas. Las basas, de toro alto estrecho, escocia de la misma anchura y toro bajo normal, con bolas pequeñas en los ángulos que apoyan sobre plintos de poca altura. La organización de la puerta es como sigue: chambrana de hojas de palma de cuatro o cinco pétalos a las que envuelve, a cada una, un vástago ovalado que, en su parte baja, enrolla sus puntas a modo de voluta. Cada vástago se enlaza a uno y otro lado con otros del mismo tipo y decoración, formando una especie de cadena que separa sus eslabones dejando un hueco ovalado bastante marcado. Sucesivamente vienen tres arquivoltas: la más exterior de baquetón; la segunda prismática y la tercera otra vez de baquetón. Esta, que es la más interna, apoya en capiteles historiados. El de la izquierda tiene cimacio de las consabidas palmas, y el grueso del capitel se decora con águila de alas explayadas que apoya sus patas en el collarino. El de la derecha, con cimacio idéntico al anterior y cesta de cuadrúpedos, uno en cada lado, afrontados con cabezas soldadas y rabo entre las piernas, otro motivo que, por su factura, viene también a añadirse como característica de esta escuela o taller cervatino. Detrás de los animales, hojas verticales y volutas esquinadas. Las basas de estas columnas de la puerta, son áticas, de parecido desarrollo a las de la ventana derecha. La cornisa de este muro meridional ha sufrido mucho como consecuencia de la instalación de la cubierta del pórtico desaparecido, pero aún se conservan bastantes canecillos que, de izquierda a derecha son: 1.- Hombre con libro en la mano, mutilado; 2 y 3.- No tallados; 4.- Bóvido también mutilado; 5.- Arpista; 6.- Animal sin cabeza, sentado, que se cuelga de un trapecio; 7.- Hombre sentado que vuelve la cabeza para apoyarla en un laúd; 8.- Oso que parece tocar un instrumento; 9.- Animal acostado sobre el caveto; 10.- Rollos curvados; 11.- Osezno colgado de un trapecio; 12.- Titiritero con cinturón de fuerza; 13.- Equilibrista en caveto; 14.- Liso en caveto; 15.- Cabra; 16.- Gran bola con caperuza; 17.- Moldura semicircular; 18.- Dos rollos. En lo que pudiéramos considerar la albanega derecha de la puerta de entrada se halla incrustado un relieve horizontal con la representación muy desgastada de dos ¿leones? que parecen montar uno sobre otro en actitud de cópula, repitiendo, en cierta manera, esa disposición de colocar relieves suplementarios en el área de la puerta, tal como sucede también en Cervatos. Superando el tejado de la capilla sur de este lado del presbiterio, se puede apercibir todavía un grupo de canecillos de este último. El 1.- debió de llevar una figura humana; el 2 y 3.- son de cuarto de bocel; el 4.- está roto e indescifrable; 5 y 6.- Ídem. Pasando por alto los muros de la capilla meridional alcanzamos el ábside semicircular románico, que es de tipo macizo, con una sola ventana en aspillera, como se ven en algunas otras iglesias, como la de los santos Cosme y Damián de Bárcena de Pie de Concha, con dovela de medio punto. Sosteniendo una cornisa de piedras de sillería sin ninguna decoración, existen en el muro del ábside una serie de canecillos que parecen intocados. Son los siguientes, de izquierda a derecha: 7.- Personaje masculino en postura obscena; 8.- Personaje sentado, itifálico; 9.- Rollo o bidón con decoración en sus lados de espirales y cubierto con cuatro estrías que bajan desde lo alto del canecillo; 10.- Dos rollos unidos por cintas, como si fuese un rollo de pergamino abierto; 11.- Zorro que sujeta con sus patas traseras, dobladas, un rollo; 12.- Canecillo confuso en el que parece distinguirse un acoplamiento de figuras; 13.- Saltimbanqui con las piernas al aire; 14.- Cabeza posiblemente de cabra; 15.- Bocel con dos líneas horizontales grabadas; 16.- Cabeza de animal, con la boca abierta que parece mantener una bola dentro de ella; 17.- Cabeza de lobo o cabra; 18.- Canecillo en S; 19.- Ídem. Los muros del presbiterio, salvo los canecillos que se conservaban sobre el tejado de la capilla meridional, y que ya hemos descrito, no han dejado visibles ningún otro canecillo, que muy seguramente tuvieron, y que quizá aún existan ocultos por las bóvedas de las capillas posteriores. El muro norte de la nave se conserva en buen estado, tanto en el paramento como en la cornisa y mantiene un excelente conjunto de canecillos que parecen del mismo taller de cantería, pero que han sufrido, incluso más que los del sur, los efectos de las intemperies y heladas. Soportan una cornisa que en algunos sillares esboza un baquetón, y son dieciséis, con las siguientes decoraciones a veces de difícil interpretación: 1,2 y 3.- Lisos en caveto; 4.- Bola con caperuza; 5.- De caveto; 6.- Figura en postura obscena; 7.- Figura masculina itifálica; 8 y 9.- En caveto; 10.- Figura humana que parece apoyar las manos en el vientre, pero difícil de interpretar; 11 y 12.- Lisos en caveto; 13.- Figuras humanas sin poder aclarar sus posturas; 14.- Liso en caveto; 15.- ¿personaje con los brazos en alto?.- 16.- Iconográfico pero de imposible interpretación, tal vez itifálico. El muro norte, a unos 4,50 m del ángulo noroeste, conserva una ventana de medio punto, con chambrana muy desgastada, adornada con las típicas palmetas que tanto se repiten en lo románico tipo Cervatos. Bajo esta sencilla chambrana, quedan las dovelas del arco, en número de ocho, y hacia adentro otro arco doblado y con borde de bocel, que carga sobre dos pequeñas columnas, con cimacios que fueron decorados, y capiteles. El izquierdo, con un águila explayada, tan utilizada en Bolmir, y el derecho igualmente con otro águila semejante, tema preferido por esta escuela escultórica popular. Los fustes son monolíticos y las basas al clásico modelo ático, pero torpemente ejecutado. Esta ventana y la que a continuación analizamos, la del hastial de occidente, tienen la misma factura y organización de elementos que las ventanas de la colegiata de Cervatos, lo que vuelve a aproximarlas como obras de los mismos canteros. La citada ventana del muro Oeste carece de chambrana, tiene arco doblado, pero el interior posee un grueso bocel, como la del muro norte, pero que el desgaste y los restos de raíces de hiedra casi han velado. En la del hastial, los cimacios de las columnas, sobre todo el izquierdo, muestra claramente el tipo de las palmetas entre vástago serpentiforme. Los capiteles son los dos de cuadrúpedos afrontados con cabezas fundidas, el de la izquierda y vueltas el de la derecha. Los fustes, monolíticos y basas áticas de toros abultados. La espadaña pertenece al tipo a) que clasificamos en nuestro “El Románico en Santander” (García Guinea 1979a, t. I, p. 247), es decir, espadaña rectangular o recta, con la misma anchura arriba y abajo. En este caso de Bolmir tiene tres impostas que la dividen en cuatro cuerpos. El primero o más bajo ocupa desde la base hasta la mitad de la torre, donde se abren dos troneras de arco apuntado y chambrana. El segundo cuerpo acaba con otra imposta a la altura de apoyo de los arcos de las troneras. Acabados estos se abre un tercer cuerpo estrecho, que da paso al cuarto, formado por el frontón a dos aguas en el que acaba la espadaña y que en el centro se perfora por una tercera y última tronera muy pequeña, también apuntada. Creemos que esta espadaña, como antes indicamos, pudo ser levantada algunos años después de haber sido concluida la iglesia. En sus muros laterales, y a la altura del arranque del piñón, apoya éste en tres canecillos de caveto. El interior de San Cipriano de Bolmir sufrió una restauración en 1969, de la que fuimos testigos, que afectó sobre todo a la nave, en la que fueron destapiadas una ventana del muro norte y otra en el sur; esta última, la más próxima a la capilla del mediodía, lleva arquivolta de bocel que apoya sobre capiteles historiados: el izquierdo de águila explayada y el derecho de animales afrontados, ya repetidos en este monumento. Ambos capiteles están muy estropeados. Se apercibe en el primero algo de lo que debió ser el cimacio de palmas y lazos, muy parecido a otros ya descritos. Las basas son normales, del tipo ático, dos toros y una escocia, apoyadas en pequeño plinto. La ventana del muro norte conserva los dos fustes, el izquierdo casi no se ve, tapado por los nervios de las bóvedas góticas posteriores. Los dos capiteles están enormemente destrozados, y parecen de animales afrontados, que apoyan sus patas sobre el collarino. La basa es muy parecida a las de la ventana del muro sur. También permanece la parte interior de la ventana del muro occidental que ya describimos. La bóveda posterior de la nave ocultó casi totalmente su arcadura, pero aún se ven los capiteles: el izquierdo con animales, afrontados, y el derecho con águila explayada; bastante destrozados. El ábside, interiormente, pese a sus añadidos y reformas, se mantiene bastante firme, aunque los muros del presbiterio hayan desaparecido. Tiene bóveda de horno apoyada sobre imposta de billetes y el arco triunfal, de medio punto, carga sobre grandes capiteles, de un tratamiento muy parecido a los de Cervatos. Ambos tienen cimacios de dados o billetes de tres filas y de muy profunda talla. La cesta del izquierdo tiene apoyando en el cimacio, y en lo alto, unas pequeñas volutas angulares que posan sobre un gran lazo que, en forma de florón, se abre hacia los lados y se posa sobre las cabezas y lomos de dos pares de leones con una sola cabeza, que aprietan al collarino con sus garras. El capitel derecho tiene una cesta que explota, hacia arriba, en dos filas de acantos cubiertos con multitud de espirales o volutas “achurradas”, formando en conjunto un verdadero surtidor vegetal y destacan, como pitones, las cabezas vueltas de los acantos. Todo muy en consonancia con el gusto decorativo de Cervatos. Las basas de los fustes son áticas y se asientan sobre alto plinto. La pila bautismal, es semiesférica en forma de copa, sin ninguna decoración, que asienta en una basa de tipo románica, con dos toros y una escocia. El toro bajo, más grueso que el alto, lleva cuatro bolas que saliendo de él apoyan sobre un delgado plinto. Todo ello de un aspecto indudablemente románico. Medidas de la pila: 82 cm de diámetro por 102 de altura. Piedra arenisca.