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Portada de la torre

Identificador
09568_03_006
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
43º 3' 38.78'' , - 3º 37' 10.34''
Idioma
Autor
José Luis Alonso Ortega,Jaime San José González,María José Martínez Martínez
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de Nuestra Señora del Rebollar

Localidad
El Rebollar
Municipio
Merindad de Sotoscueva
Provincia
Burgos
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
ES UNA IGLESIA DE DOS desiguales naves, con amplia cabecera cuadrada y con torre a los pies de la nave del evangelio, adosándose también a la fachada sur la sacristía y un modesto pórtico de madera. Al románico tardío -en un sentido muy amplio- pertenecen la torre y la fachada meridional de la nave, siendo el resto de las estructuras de momentos posteriores a la Edad Media. En esa fachada se hallan dos portadas, una situada más o menos en el tramo anterior del muro, que sirve de acceso a la nave, y otra en el sector posterior, que facilita la entrada a la torre. También se conserva otra portada en la base de la torre, orientada al norte, que en la actualidad está protegida por la nave del evangelio, última ampliación que se realizó en la iglesia. La portada más oriental se dispone sobre un paño destacado respecto al resto del paramento, donde todavía puede verse uno de los canecillos del antiguo alero, decorado con cabeza ovina o bovina. La portada en cuestión está conformada por tres arquivoltas de medio punto, la interior es de dovelas lisas, la intermedia se decora con un bocelillo que recorre la arista y la exterior presenta una tosca decoración en todas las dovelas, a excepción de los salmeres, sin aparente relación entre sí. De izquierda a derecha se representa en primer lugar a un personaje en actitud sedente con un instrumento u objeto al hombro; a continuación hay un cuadrúpedo, después otro, de orejas puntiagudas y con un animalillo en la boca, lo que debemos interpretar posiblemente como un lobo con un cordero, lo que también podría darnos a entender que estas tres primeras figuras conforman una escena pastoril; después hay dos tacos, a los que siguen sucesivamente una cabeza humana barbada, otra de búho, un águila frontal con las alas abiertas y con una presa en las garras, dos cabecitas humanas parejas, dos gallinas afrontadas y por último tres formas que se asimilan a los huesos de las extremidades de oveja o vaca. Los apoyos de las roscas interna y externa se hacen en pilastras, mientras que la central lo hace en columnas de basas áticas, fustes monolíticos y capiteles decorados con sencillas volutas en la parte superior bajo un ábaco de tacos y rosetas. Los cimacios son achaflanados. La otra portada servía de entrada a la base de la torre, en realidad una torre-pórtico dotada con numerosos vanos en su cuerpo inferior. Su acceso meridional se hacía a través de un arco apuntado -hoy cerrado con puerta y con la parte superior cegada, mostrando una tosca pintura de San Juan Bautista y el Agnus Dei- cuya cara externa está formada por tres arquivoltas simples -sólo la central con un bocel-, trasdosadas por una chambrana achaflanada con rombos en relieve. El arco de ingreso apoya en pilastras, mientras que las dos arquivoltas siguientes lo hacen en columnillas acodilladas de basas áticas sobre corto plinto, esbeltos fustes monolíticos y capiteles vegetales. Las dos cestas occidentales siguen la misma decoración, a base de elegantes hojas palmeadas y nervadas, como de helecho, rematando en cogollos; las orientales, aun siguiendo un esquema similar, son hojas lisas y carnosas, más bien dispuestas en dos series, aunque con el mismo tipo de cogollos. Los cimacios son de nacela. Hacia el interior esta portada muestra una sencilla estructura de arco doblado sobre pilastras rematadas en impostas de nacela que se prolongan para recorrer todos los muros de la base de la torre, pero lo que resulta evidente es que el arco originalmente no llevaba ningún tipo de engarce de puerta. Éste era uno de los accesos al cuerpo inferior de la torre, un verdadero pórtico, como hemos dicho, alzándose enfrente otra portada que después quedó oculta por la nueva nave septentrional, aunque llega a verse su arco apuntado de tres arquivoltas lisas, apoyando dos de ellas en pilastras y la central en columnas donde se repite el modelo de los capiteles anteriores: nervados en el oeste y de hojas carnosas lisas en el este, también bajo cimacios de nacela. Hacia el interior de la torre el arco es sólo doblado, sin columnillas e igualmente sin evidencias de haber tenido nunca puerta u otro tipo de cierre. El espacio que queda bajo la torre y que en origen hizo la función de pórtico entre las dos citadas portadas, se cubre con una bóveda de cañón cuyo eje es transversal al del templo, con un arco fajón central que descansa en pilastras. Estas pilastras se coronan con impostas de nacela que se prolongan por todo el perímetro, sirviendo de base al abovedamiento. Dos arcos gemelos daban paso al interior de la nave primitiva, ambos apuntados y simples, aunque en el interior del templo se trasdosan con otros arcos escarzanos que mantienen aún los cargaderos de madera para las puertas, puesto que aquí era donde verdaderamente se hallaba la entrada occidental al templo. Frente a éstos y en la base interior del muro oeste de la torre, aparecen otros dos arcos, el del norte con el mismo formato sencillo, aunque es ciego, mientras que el del sur, de doble arquivolta sobre dobles pilastras, en realidad es la puerta que da entrada a la escalera de caracol que sube al campanario. Sobre ella, por encima de la imposta y formando parte ya de la bóveda, se encuentra otro pequeño arco apuntado ciego, una forma que sólo existe ahí, no sobre los demás. La parte superior de la torre se remata con una especie de irregular almenado donde se alojan las campanas, lo que le da un aspecto encastillado, aunque cabe la posibilidad de que en origen fuera de mayor altura ya que resulta un tanto rechoncha para las medidas de la planta. No obstante, la existencia de varias saeteras -dos en el norte y una en el sur- parece confirmar esa función defensiva. Claramente nos encontramos con dos momentos muy bien diferenciados dentro de lo que, de una manera bastante relajada, podemos llamar período románico. A una primera fase corresponde el muro sur de la nave del evangelio, restos de lo que debió ser un templo de nave única, quizá con espadaña sobre el muro oeste y con la portada centrada sobre la fachada meridional, obra que podemos fechar hacia fines del XII o más posiblemente en los comienzos del XIII, aunque todavía dentro de un estilo marcadamente románico. A los pies de este templo se adosó tiempo después una torre-pórtico donde las influencias góticas son mucho más evidentes, y aunque los capiteles mantengan todavía ciertas conexiones con el estilo precedente, el conjunto puede calificarse más como gótico que como románico. Posiblemente nos hallemos cuando menos en los años centrales del siglo XIII y el carácter de la nueva construcción parece que conlleva una clara función militar, además de ejercer de campanario. Puede ser que esta obra fuera acometida ya por los sanjuanistas, cuya presencia en El Rebollar será larga. Andando el tiempo y traspasada la Edad Media el templo se renueva, sustituyéndose la cabecera y adosándose al norte una nueva nave, de aspecto mucho más modesto, pero que hace necesario trazar dos esbeltos arcos para unirla a la anterior, lo que conlleva la desaparición completa de la fachada septentrional románica.