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Detalle de la cornisa de la cabecera

Identificador
49317_03_035
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
42º 3' 49.08'' , -6º 22' 10.52''
Idioma
Autor
José Manuel Rodríguez Montañés
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de Santa Marina

Localidad
Sejas de Sanabria
Provincia
Zamora
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
LA IGLESIA PARROQUIAL, orientada al N-NE, se alza ante una plaza dominando el caserío de Sejas por su extremo septentrional. Es el de Santa Marina un edificio de nave única, levantada en mampostería de grandes bloques, con portada abierta al sur y espadaña sobre el hastial occidental, rematado por una amplia cabecera cuadrada de sillería con contrafuertes angulares. Su actual configuración es fruto de tres campañas constructivas: de la primitiva tardorrománica resta la nave y fragmentos de la cornisa hoy reutilizados en la cabecera; la capilla -y probablemente la espadaña- fueron erigidas en época gótica (siglo XV) y, finalmente, en el siglo XVII puede datarse el añadido de una colateral al norte de la nave. La sencilla portada, protegida por un moderno pórtico, se compone de arco y una arquivolta, ambos apuntados y lisos, sobre impostas con perfil de filete y chaflán y jambas lisas con sillares labrados a hacha en las que se grabaron dos cruces; una de Malta y otra de seis brazos. La nave hoy se cubre con armadura de madera, recibiendo la colateral añadida cubierta a un agua. Restan de la primera campaña los pilares con semicolumnas adosadas que soportaban el arco triunfal, entre la nave y la cabecera. Las semicolumnas, que carecen de basa al haberse realzado el nivel del suelo, se coronan con capiteles profusamente decorados. El del lado del evangelio muestra cuatro personajes que podríamos identificar con apóstoles: en el frente de la cesta hay dos portadores de libros, uno de ellos, barbado, lo muestra abierto; el de la cara lateral que mira al altar lleva una filacteria, y el de la cara que da a la nave, con larga barba partida y en actitud de marcha, porta un libro con cierre metálico. El cimacio, que continúa como imposta por los laterales del pilar, se orna con un leoncillo y dos híbridos alados, ambos de cuerpo de reptil rematado en tallo con hojas y cabezas felinas rugientes, en actitud uno de morder la cola al otro y éste de revolverse, y una hoja incurvada. El capitel del lado de la epístola se decora con un personaje desnudo enredado en tallos perlados y hojarasca y frente a él una arpía-ave encapuchada. El fondo de la cesta es de hojas lisas con cogollos en las puntas, los cuernos del ábaco se ornan con perlado y el collarino aparece partido. En este caso, el cimacio se moldura con bocel, chaflán y listel. El templo tardorrománico, obra de finales del XII o principios del siglo XIII, sufrió una importante reforma en época gótica, con la eliminación de la primitiva cabecera, de la que desconocemos su aspecto. En su lugar se alza la actual capilla cuadrada, sobre breve zócalo y con contrafuertes angulares rematados en talud a dos tercios de altura, construida en buena sillería y notablemente más elevada que la nave. Es en este momento -finales del siglo XV o inicios del XVI- cuando se erigió el actual arco triunfal, apuntado y doblado, moldurado con un baquetón hacia la nave, y que resulta ciertamente desproporcionado en relación a sus soportes románicos. No nos cabe duda del goticismo de esta cabecera, cubierta con una bella armadura ochavada e iluminada por una ventana rasgada abierta al sur, máxime existiendo una inscripción en el contrafuerte del ángulo suroriental que, en caracteres tardogóticos reza: ESTA OBRA FIZO... Las propias proporciones del ábside, que carece de ventana en el testero, impedirían cualquier duda sobre su carácter bajomedieval de no ser por el curioso alero que corona los cuatro muros de la capilla y repite el tipo visto en Mombuey: cornisa achaflanada con bolas sobre arquillos-nicho de medio punto y trilobulados que apoyan en canes de nacela con bolas. Los arquillos se pueblan de series de tres esferas, cabecitas de ojos almendrados y carnosos labios de aire sonriente, tallos rematados en hojas incurvadas, crochets, etc. Este hecho llevó a Ramos de Castro a considerar la cabecera como obra románica, y posterior el resto. Sin embargo, un atento examen de las piezas que componen la cornisa revela una disimilitud entre ellas, tanto en sus medidas como en el estilo de su decoración. Los bloques de menores dimensiones, todos iguales, denuncian el carácter románico de su estilo, mientras que los que completan la serie son copias miméticas de los originales, que adaptan sus dimensiones hasta ajustar el perímetro de la cabecera gótica, y resultan así contemporáneos de ella. Si bien no sorprende esta asimilación del modelo de cornisa en época tardía -en la zona se repite en las iglesias de Vime, Otero de Sanabria y Villar de Pisones- sí llama la atención la fidelidad de su ejecución a la preexistente. En el tipo de cornisa es evidente la dependencia respecto a los modelos gallegos que materializaron la cercana torre de Mombuey, tanto en la composición como en la factura. En la cara occidental de la capilla -sobre la que se alzó una espadañita- se incrustó, sobre dos repisas sin decorar, un Agnus Dei de bulto redondo y buena factura, al que sólo le falta la fracturada cruz, que recuerda el proceder de los artistas de Mombuey con el relieve del prótomo de toro o buey que allí vimos. Sobre el potente hastial de los pies se alza una bella espadaña de piso inferior liso de mampostería en el que se abre una ventana rasgada, imposta moldurada con bocel y listel sobre la que se dispone el cuerpo de campanas, con dos vanos de medio punto exornados por chambrana decorada con bolas, y agudo remate a piñón sin campanil, estos últimos en sillería. Se accede al campanario mediante una escalera en acodo sobre arco de medio punto de sillería, arco hoy cegado para habilitar el trastero que ocupa parte del atrio meridional. Al interior, el muro del hastial se aligera bajo la espadaña con un arco. A la tercera campaña constructiva, de los siglos XVII-XVIII, corresponde la ampliación del cuerpo de la iglesia con el añadido de una estrecha colateral al norte, abierta a la nave mediante dos formeros de medio punto que apean en un grueso pilar circular. Fue erigida en mampostería, rematándose sus muros con cornisa de perfil de gola. La nave románica, y sobre todo los capiteles del primitivo triunfal, son obra tardía dentro del siglo XII o bien de inicios del XIII, fruto de un taller secundario íntimamente ligado al responsable de la decoración de la torre de Mombuey y que, aunque no alcanza la calidad del mejor maestro que allí trabaja, no está exento de cierta ambición. En el interior, presidiendo el remate de un altar lateral de la nave y semioculta por modernos atavíos, se conserva una pequeña talla de la Virgen con el Niño bajo la denominación de “Virgen de la O”. Parece obra antigua, probablemente de la primera mitad del siglo XIII, aunque la imposibilidad de su observación directa impide mayores precisiones.