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Talla de la Virgen la Blanca con el Niño

Identificador
31691_01_006
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
42º 53' 13.54'' , -1º 8' 10.53''
Idioma
Autor
Julia Baldó Alcoz
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de San Salvador

Localidad
Jaurrieta
Municipio
Izurzu
Provincia
Navarra
Comunidad
Navarra
País
España
Descripción
EN LA PARROQUIA, dedicada actualmente al Salvador, se custodia la talla de la Virgen de la Blanca, procedente de la cercana ermita homónima, obra del siglo XIII, ubicada en el mismo término de la población sobre un promontorio cercano. Fue sustraída en 1980 y recuperada poco después. A raíz de un examen de rayos X se comprobó que se encuentra totalmente reconstruida. Esta figura fue encuadrada por Fernández-Ladreda, junto con las efigies de Ujué, Aibar y Miranda de Arga, en el tercer grupo derivado de las vírgenes de Pamplona-Irache. Sin embargo, es necesario matizar que las imágenes de Aibar, Miranda y Jaurrieta remiten al prototipo de forma indirecta, pues el modelo inmediato de las tres fue el de la Virgen de Ujué, con la que guarda mayor número de similitudes. De este modo, y en primer lugar, debe indicarse que la Virgen de la Blanca mide 76 cm de altura (69 según Fernández-Ladreda), unas medidas similares a otras tallas de su tipo como la de Aibar, si bien resulta más acentuada su diferencia de altura con respecto a Ujué, Miranda de Arga y las de Pamplona e Irache, según explica esta misma autora. Sus medidas se completarían con una anchura frontal de 31 cm en su zona trasera y 20 cm en su parte delantera, más 21 cm de fondo. La estrechez del cuerpo de la Virgen, tanto en ésta como en todas las otras figuras del conjunto, acentúa la sensación de bloque compacto y la homogeneidad de Madre e Hijo. Sobre todo en Ujué, Aibar y Jaurrieta, donde la cubierta de plata que envuelve la primera figura, o bien la policromía imitando el metal, en el caso de las otras dos, uniformizan el conjunto. A pesar de ello, en Jaurrieta, el Niño presenta mayor individualización con respecto a María debido a su posición descentrada. En cuanto a su porte, es necesario comentar que, como el resto de imágenes del grupo, la Virgen de la Blanca sigue los cánones de las efigies de Pamplona-Irache. Al igual que ellas, se presenta sedente, como Sedes Sapientiae del Niño, con brazos y piernas en ángulo recto enmarcando a su Hijo y sin mostrar ninguna relación física con él, que mantiene idéntica rigidez que su Madre. Sin embargo, el Niño de Jaurrieta, de forma excepcional con respecto al resto de tallas del conjunto, se desplaza hacia la izquierda del regazo materno, siguiendo fielmente a los de Pamplona-Irache, que también habrían sido dispuestos originalmente en la rodilla materna izquierda. Su semblante, aunque serio, expresa la dulzura que ya aparece en las otras tallas del grupo, si bien en la de Jaurrieta la sonrisa se acentúa ligeramente. La Virgen de la Blanca, como las restantes, muestra también gran similitud de rasgos faciales con la de Ujué. Todas destacan, respecto a los prototipos, por poseer un rostro alargado y ovalado rematado por una barbilla delicada y curvada, y una frente amplia y despejada, que se puede apreciar en su totalidad gracias a un velo más corto que en Pamplona-Irache. Las cejas, largas y finas, ligeramente curvadas, enmarcan unos ojos grandes y expresivos. Y una nariz recta y corta da paso a una boca pequeña y de labios finos. Sobre su indumentaria, cabe señalar que en este grupo todas las imágenes cuentan con los mismos elementos que en Irache-Pamplona (es decir, túnica, sobretúnica y manto), sólo que el tratamiento de sus vestimentas destaca por su esquematización en los plegados, en los que predominan las ondas paralelas bien remarcadas, que toman forma ovalada en la parte inferior. Mayor diferencia se introduce en el tocado, donde la toca es sustituida, en el caso de Aibar, Miranda y Jaurrieta, por un ligero velo que sólo cubre el cabello y deja la frente al descubierto. El manto abierto aparece en todas las imágenes, pero la de Jaurrieta introduce una variante: un ceñidor sobre el pecho en forma de broche, que sujeta el manto, tratado en este caso como una capa que cubre los hombros y cae verticalmente por la espalda y los costados. La orla superior de esta prenda es el resultado de una asimilación errónea del barboquejo de la toca que lucía la Virgen de Ujué y que en la imágenes de Miranda y Aibar se transmitió a la cenefa de la túnica. Las vestiduras de Jesús, compuestas por túnica y manto, sin embargo, son manifiestamente distintas a las que presentan las tallas del Niño de Ujué, Aibar y Miranda, hasta el punto de que parece seguir directamente los parámetros de Irache, especialmente en la posición del manto, que se coloca terciado sobre el hombro izquierdo. Su borde inferior derecho describe una diagonal ascendente hacia la izquierda bajo la pierna diestra mientras que el otro cabo cae verticalmente sobre la pierna siniestra. En todas las imágenes del grupo, María portaría en su mano derecha una bola (granada en Aibar), salvo en Jaurrieta, donde ha desaparecido, si bien todavía mantiene el gesto de los dedos, a imitación de la talla de Irache, que aún conserva este elemento. Mientras que el Niño lleva en todas un libro abierto que sostiene en su mano izquierda sobre la misma rodilla, mientras que con la diestra bendice. Madre e Hijo fueron proyectados para llevar corona, aunque han sufrido diversas modificaciones y sustituciones a lo largo del tiempo. Así puede desprenderse de las fotografías publicadas: Clavería y Fernández-Ladreda presentan a Madre e Hijo sin tiara, aunque con clavo en sus respectivas cabezas, vestigio de que ambas habrían portado una, quizás de madera; en la Gran Enciclopedia Navarra (1990) y en el Catálogo Monumental de Navarra (1992) la Virgen lleva una pieza de orfebrería rematada por una cruz y nimbo radial. En la actualidad María luce una corona de madera con florones, de estilo medieval, mientras que Jesús lleva una corona de orfebrería y piedras con cruz, similar a la que lucía su Madre anteriormente. La talla queda sentada en una banqueta baja, pintada con una policromía que asemeja mármol, como ocurre en Miranda. Pudo ser restaurada en la primera mitad del siglo XX. Para finalizar, siguiendo a Fernández-Ladreda, la imagen podría ser datada en los inicios del siglo XIII en función de sus particularidades dentro de la tipología derivada de las imágenes de Pamplona e Irache (Clavería la fechaba en el siglo XII y Jimeno Jurío la suponía gótica).