Pasar al contenido principal
x

Detalle de un canecillo del ábside

Identificador
31494_03_010
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
42º 33' 58.83'' , -1º 30' 2.96''
Idioma
Autor
Carlos Martínez Álava
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de San Martín

Localidad
Lerga
Municipio
Lerga
Provincia
Navarra
Comunidad
Navarra
País
España
Descripción
LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN MARTÍN se erige en el centro de la población, en un bello entorno que ha transformado el antiguo camposanto en una amplia plataforma ajardinada que dispensa al edificio unas bellas perspectivas. Sus dimensiones y aparato son, para lo habitual en la arquitectura rural románica, ciertamente monumentales. No obstante, a pesar de su aparente homogeneidad y de su aspecto actual netamente medieval, han sido numerosas las intervenciones que han ido transformado su fisonomía desde la Edad Moderna, sobre todo en sus tramos más occidentales, incluyendo la portada principal, la torre y diversos vanos, soportes, capiteles y estribos. De hecho, en la planta propuesta por José Esteban Uranga y Francisco Íñiguez en su conocida obra Arte medieval navarro se distingue la mitad oriental del templo con el ábside y su tramo inmediato, del resto del edificio. Si se observa detenidamente el templo desde el norte, los grandes estribos prismáticos, así como los diagonales del hastial occidental, no parecen de origen medieval sino claramente posterior. Además los canes del tejaroz se vuelven lisos, ninguno de los vanos es ya medieval, las ventanas ofrecen una molduración propia de época más tardía, se rehacen los capiteles interiores, los sillares, aun parecidos a los del presbiterio, están menos escuadrados y necesitan de un mayor aporte de argamasa en las juntas... Son pues muchas las razones para afirmar que la definición actual del edificio en sus tramos occidentales corresponde a sucesivos impulsos constructivos posteriores a época románica. El templo se debió de concluir a partir del siglo XVI, coincidiendo con el propio crecimiento de la población. Para este remate de las obras, en lugar de transformar la iglesia en función de los nuevos gustos artísticos, se continuaron las directrices románicas seguramente ya propuestas en el propio perímetro mural, quizá cerrada en su cimentación y primeras hiladas durante la primera fase constructiva. Lamentablemente no se han conservado documentos que permitan concretar desde un punto de vista cronoconstructivo estas intervenciones. Sólo un análisis de los diferentes elementos que integran el templo permite, por lo menos parcialmente, destacar con seguridad lo primitivo, acumulado en los dos tramos más orientales, del resto del edificio. En planta presenta nave de tres tramos rectangulares y presbiterio dividido a su vez en un breve preámbulo rectangular y cabecera semicircular. Siguiendo la lógica constructiva románica, la nave se cubre con bóveda de cañón apuntado y el ábside con bóveda de horno también apuntada. Los fajones, doblados, son también apuntados, apeando en soportes compuestos por pilastra prismática y semicolumna adosada. El volumen construido y su correspondiente espacio interno resultan amplios y diáfanos. Sus más de 20 metros de longitud junto a los casi 8 de anchura y la notable altura de la nave, conforman un interior equilibrado y monumental. Los sillares bien escuadrados y regulares, de pigmentación clara y brillante, terminan por definir un edificio rural de sólido empaque. La aproximación a sus detalles decorativos va a terminar de definir la orientación estilística primitiva del templo y a orientarnos sobre su cronología. Soportes, arcos y vanos están sujetos a una aparente sistematización homogénea. Los fajones, de sección cuadrangular, apean sobre las semicolumnas adosadas a los pilares prismáticos. Estos reciben a su vez el apeo de las dobladuras, de amplia sección rectangular. Todos ellos muestran elaboradas basas con toro, escocia y toro, más bolas en los ángulos del plinto prismático que sirve de basamento. Como es habitual, una imposta lisa, que nace de los cimacios de los capiteles, recorre naves y cabecera señalando el arranque de las bóvedas. Los capiteles de las semicolumnas y de los vanos acogen un repertorio decorativo que parte de motivos vegetales muy esquematizados y simplificados, que se combinan en ocasiones con representaciones humanas de rasgos y labra sumamente popular. Si comenzamos por los capiteles del muro del Evangelio, desde el pilar más próximo al cilindro absidal, el primero acoge hojas con piñas en los ángulos, lo mismo que el siguiente. Ambos integran el conocido fondo de cuatro grandes hojas angulares a las que se adosan pares de piñas en los vértices y figuras humanas en los centros simétricos; en el primero muestran únicamente el rostro, mientras que en el segundo son de cuerpo entero. Las hojas no son lisas; su superficie aparece completamente decorada con líneas simétricas de labra superficial aunque detallada. Enlazan, por los pares de piñas angulares, con construcciones de la vecina comarca de la Valdorba (capiteles de la portada de la parroquial de Olóriz y de la ermita de Echano) y por las hojas de los fondos con numerosos edificios del último tercio del siglo XII y los primeros años del XIII, con la abacial de Irache como principal representante. El tercero de este lado todavía ofrece un repertorio de tradición románica muy esquematizado y el cuarto muestra hojarasca gótica. Ya en el muro de la Epístola, el primero lleva las conocidas bolas angulares asociadas a volutas de hojas lisas y alargadas, además de otras dos bolas algo más pequeñas dispuestas simétricamente en cada cara del capitel. Frecuente por su propia simplicidad y esquematismo este tipo de capitel coincide con modelos observados desde la cripta de San Martín de Unx a las naves de la abacial de La Oliva. El siguiente acoge únicamente figuras humanas, ordenadas de forma simétrica como los elementos vegetales de los demás. Las figuras, de medio cuerpo y con las manos levantadas (asunto que aparece en otras iglesias románicas navarras rurales como Najurieta), están tratadas con la misma simplicidad y esquematismo de las que en el muro opuesto completan las composiciones vegetales. Sus características, lo mismo que las de los demás capiteles, van a reaparecer en las decoraciones de los tres vanos más orientales del templo. El tercer capitel insiste en una esquematización de motivos románicos, y el cuarto de nuevo presenta hojas góticas. Las ventanas se decoran con capiteles donde predominan los motivos vegetales: grandes hojas lisas con piñas singulares o dobles y hojas lisas hendidas que terminan en bolas bajo remates en pico. Exteriormente la estampa del templo es plenamente románica en las partes que no han sufrido transformaciones posteriores. Destaca el monumental volumen cilíndrico del ábside, especialmente desde su perspectiva axial. Las hiladas inferiores muestran un aparejo mucho más descuidado que el resto, ya sea porque estuvieron pensadas para no ser vistas, ya por corresponder a una primera fase de obras. El ábside se refuerza mediante estribos de poco resalte, que, tras un breve talud superior, conectan con el tejaroz, soportado también por canes, bien lisos, bien decorados con motivos figurados. De nuevo su labra es sumaria y popular. Se distinguen tres hombres acurrucados (uno de ellos mostrando exagerados genitales), una cabeza humana, una cabeza de animal, un barril y otro más con tres rollos. Cilindro absidal, contrafuertes, tejaroz y canes figurados siguen en esta parte los tipismos más característicos del románico rural de la zona. Los tres vanos citados muestran una elaborada articulación arquitectónica. Tanto el amplio abocinamiento interno como el reducido vano exterior van enmarcados por una arquivolta de medio punto, con grueso baquetón entre escocias más finas, que apea sobre pares de columnillas acodilladas. A su vez, sobre los cimacios de los capiteles, una segunda arquivolta, a modo de vierteaguas, con moldura también baquetonada, enmarca el conjunto. Los capiteles vuelven a acoger los repertorios decorativos ya observados en los capiteles del interior y en los canes: palmas inscritas en remates avolutados de los que penden piñas, lancetas acompañadas de bolas, hojas lisas que se vuelven para cobijar bolas, hojas lisas superpuestas, etc. Sólo el exterior norte del vano axial muestra a un hombre de cuerpo entero que acerca sus manos al vientre, flanqueado por un mazo y un objeto de difícil identificación (¿tallo con hojas, parrilla?), de labra otra vez sumaria y popular. La definición oriental de San Martín de Lerga sigue en sus vanos, estribos y canes los tipismos más característicos de la arquitectura rural románica de su entorno. De hecho, el volumen y amplitud de su espacio interno, la monumentalidad exterior y la elaboración de sus vanos nos presentan una obra de notable empeño constructivo. El resto del edificio parece concluido en momentos artísticos posteriores, pero siguiendo el modelo propuesto entonces y la definición de sus elementos estructurales. Sorprendentemente, los repertorios decorativos asociados siguen tipos vegetales y referencias figuradas siempre tratadas de forma muy sumaria, esquemática y popular. No hay correspondencia entre el empeño arquitectónico y su eco decorativo. Los modelos vegetales propuestos son especialmente frecuentes a partir del último tercio del siglo XII y de los primeros años del XIII. Esa debe ser la referencia cronológica para situar la construcción, al menos del presbiterio, de la iglesia parroquial de Lerga.