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Eremitorios rupestres en la Montaña Palentina y alrededores. Iglesia rupestre de los Santos Justo y Pastor en Olleros de Pisuerga

En la pequeña localidad de Olleros de Pisuerga, cercana a Aguilar de Campoo, y a la que se accede por la P-620, se puede disfrutar tanto de las vistas del Cañón de la Horadada, como de los restos del castro prerromano de Monta Cildá, o incluso, de su gastronomía gracias a la fiesta de la “Gran Paella Ollerense” declarada Interés Turístico Regional en 1994. Sin embargo, el humilde pueblo destaca porque en él se localiza el mejor ejemplo rupestre conservado en la península, que ha sido denominado como la “Catedral de las rupestres”. Se trata de un templo escavado en roca arenisca que constituye una de las joyas más apreciadas del románico de la montaña palentina dada su singularidad, por lo que ha sido premiada en numerosas ocasiones.

Aunque sus orígenes no se conocen con precisión, se estima que, tras la llegada de monjes mozárabes en el siglo IX,  estos comenzarían a excavar la roca aprovechando así los recursos disponibles para construir una ermita. Sin embargo, esta sufriría distintas ampliaciones hasta el siglo XVIII, conformando el aspecto de la Iglesia actual.

El interior se organiza a través de dos naves separadas por tres columnas (una es original), cubiertas por dos falsas bóvedas de cañón apuntado reforzadas por arcos fajones, siguiendo las propuestas del románico y anticipando el gótico, aunque con una función puramente ornamental. Cada nave tiene su respectivo ábside: en uno; se sitúa el altar con un ara romana y un Cristo Crucificado del XVII y en el otro; un retablo plateresco del siglo XVI con las imágenes de los santos Justo y Pastor, a los que está dedicada la iglesia. Asimismo, a los pies se sitúa un coro de madera desde el que se visualiza todo el interior.

Consta, además, de dos capillas en la nave del evangelio; a los pies se ubica una de ellas que contiene la pila bautismal; mientras que en la en la cabecera se ubica la otra descubierta en 1931, se abre mediante un arco de medio punto y en ella se pueden apreciar enterramientos bajo arcosolio, a modo de capilla funeraria de notables figuras, o bien como el inicio de una tercera nave que no se desarrolló.

En el lado de la epístola, se abren numerosos vanos que permiten la entrada de luz natural al templo, así como una gran apertura de entrada cuya posición viene dada por el solsticio de verano, cuyos rayos de sol penetran a través de esta y se proyectan en el ábside, creando una armonía que solo es posible gracias al perfecto estudio de su orientación. Asimismo, en la zona de la cabecera se abre un espacio de planta rectangular dónde se ubica actualmente la sacristía que, por sus rasgos más toscos y primitivos, pudo ser el espacio inicial de la ermita.

En cuanto a la decoración de la ermita se limita a imitar estructuralmente el estilo románico que estaba en boga cuando se produjo su ampliación, así como de dotar a las columnas de capiteles y basas, imitando al orden toscano. Asimismo, aparte del mobiliario ya mencionado, destacan los restos pictóricos situados detrás del retablo de época gótica y moderna; así como dos pinturas que datan de los siglos XVII y XVIII: una cruz delimitada por entrelazos vegetales sobre el vano de la sacristía y un mural en el que se representan las nubes y los astros, entre otros signos asociados a la pasión de Cristo. No obstante, son las propias vetas y los tonos degradados de la piedra arenisca, los que deleitan al espectador con sus cálidos tonos y nos envuelven en un ambiente que la hacen única.

Al exterior, resalta la entrada elevada en altura bajo un gran pórtico o nártex edificado en 1753 y a la que se accede a través de una gran escalinata. Asimismo, se abren en la roca varios vanos que permiten la entrada de luz natural al templo delimitados por arcos de medio punto grabados en la propia roca e incluso otras formas como cruces patadas. Sobre la gran fachada se alzada una pequeña espadaña de un solo vano construida en el siglo XVIII.

Junto a la ermita se ubica una necrópolis rupestre con varias tumbas antropomorfas excavadas en la propia roca y otras bajo arcosolio. Asimismo, el conjunto cuenta con dos lauras o cuevas, que posiblemente fueron usadas por los monjes antes de comenzar a excavar la ermita. Sobre la laura sur, que fue el primitivo baptisterio de la ermita, se ubica una gran torre-campanario exenta construida en sillería en el siglo XVII, pero cuyos orígenes remontan a una torre de vigilancia mucho anterior, pudiendo estar en relación con el cercano Monte Cildá.

Foto: Rodelar (CC BY-SA 4.0)